Desde que Belgrano volvió a Primera, aquella tarde del 26 de junio de 2011, comenzó una maldición difícil de dejar atrás: el número mufa, el 27. Apenas ascendió el pirata, debió repartir entre sus jugadores números únicos (al contrario de lo que hacía en la B Nacional, que repartía 11 entre los titulares). La 1 para el Juanca, la 10 para el Mudo, la 9 para Parodi (sin ?)… y la 27 le tocó al juvenil Giuliano Bardín. Hasta ahí nada mal.

¿Se acuerdan de Bardín? Extremo izquierdo, habilidoso, rápido, petiso con pinta de crack. En los partidos de reserva se destacaba por su desequilibrio, y la platea entera discutía porqué ese pibe no estaba en primera, si hasta tiene un video editado en YouTube que lo dejaría en las puertas del Camp Nou…

Si bien entraba nunca pocos minutos en la Primera, su gran oportunidad sería jugar de titular en la Copa Argentina, donde el Ruso decidió utilizar un equipo alternativo. Como nunca, Belgrano pasó de ronda en la Copa ganando al Rojo por 2-0 con goles de Maldonado y Lollo. Pero, en medio del excelente partido que estaba haciendo, Bardín sufrió una lesión que lo marginaría varios meses y le haría perder el espacio que iba ganando luego de varios partidos y convertir un gol.




El delantero, cuando se recuperó, ya había perdido lugar en el plantel ante las apariciones de tipos como Melano, Zelarayán y Tobías Figueroa (?), y se fue a jugar a Gimnasia de Jujuy, donde solo completó ¡1 partido!

Su destino fue cruel, tan cruel que en 2015 llegó libre a Instituto.

El número 27, quedó libre tras la partida de Giuliano Bardín a Jujuy. Y en ese mercado de pases, llegaría el goleador innato proveniente de un país caribeño con una enorme tradición futbolística: el hondureño Jerry Bengtson, uno de los personajes más queribles de las últimas épocas.

Jerry, que fue anunciado con bombos y platilos, creó una expectativa inmensa en los corazones piratas. Lógicamente, por su atributo principal: ser negro goleador.

Todos recordamos su efímero paso por Alberdi: cientos de corridas sin sentido, problemas para controlar la pelota, goles errados como de costumbre, y se dio hasta el lujo de convertir el único gol de la historia del club que no fue festejado por sus hinchas: en el 3-0 ante Defensa, donde el Kempes permaneció en silencio por la muerte de un pibe en la popular. Su salida de Belgrano fue acorde a su rendimiento: tres minutos después de ingresar ante Godoy Cruz, dejó al equipo con un jugador menos por meterle un cabezazo al contrario.

Luego de la partida de Jerry, el único 9 del equipo era Mauro Iván Óbolo. Belgrano, como siempre, un especialista en encontrar delanteros que no le hacen un gol ni al arco iris acertados, contrató a Luciano Becchio, un delantero que estaba hecho una vaca y estaba de vuelta de amplia trayectoria en el ascenso inglés. Justo lo que necesitábamos (?).

Becchio llegó por un año, y comentaba a la prensa que estaba bien físicamente, algo que nunca pudimos comprobar en los partidos. Apenas llegó, desde el club lo bendijeron con la camiseta que había dejado Jerry: la número 27. Por supuesto, los resultados no tardaron en aparecer: se lo vio lento, falto de ritmo, no podía parar una pelota fue fácil para él estar a punto. De hecho, nunca pudo estar a la altura y en un noble acto de honestidad, luego de la eliminación del equipo de la Copa Sudamericana y de su lesión, rescindió contrato y prometió volver en enero. Ahora, dedica sus días a atender su bar en Mallorca, sin (?).


Luego de ello, llegó el 2016 y con el muchos problemas. El último torneo del Ruso no fue bueno, desde los puntos y el rendimiento. Adrián Argachá, proveniente del Sudamérica de Uruguay, demostró que todo podía ser aún peor y en su primer partido (fecha 4) se fue EXPULSADO. Ah, usaba la camiseta 27.

Ese torneo, Argachá piso el campo de juego 5 veces, para luego irse en el receso invernal.

La segunda mitad del 2016, que fue deplorable en todos los aspectos para el pirata, tuvo la particularidad de que NINGÚN JUGADOR UTILIZÓ LA CAMISETA MUFA. Creer o reventar, pero se avivaron.

Y ahora, a principios de 2017, en plena pretemporada de Leonardo Madelón como entrenador, el Cuerpo Técnico permitió que dicha camiseta que no debe ser nombrada sea utilizada por la joya del pirata: Joaquín Rickemberg.

El juvenil de 18 años se lesionó anoche jugando ante Sportivo Belgrano, en el partido que los titulares le ganaron 2 a 0 al conjunto verde. El pibe salió golpeado en su rodilla izquierda, y se presume que sea una grave lesión que lo marginaria de los campos de juego un largo tiempo, al menos medio año.

La maldición del 27 es una realidad, que la cuenten como quieran.

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