Nuestros abuelos se acuerdan de cuando jugábamos los viejos nacionales. Repiten nombres como Heredia, Cos, Mamelli, Reinaldi… se acuerda de que todo le costaba un huevo, de la fábrica, la chimenea que llenaba de humo Alberdi, de la ginebra antes del partido y todos esos recuerdos difusos por la niebla de la edad.

Nuestros viejos disfrutaron de ascensos, cuando eran poquitos, y no cuando los regalaban. 86, 91, 98… años históricos que marcaron un abrazo eterno a estos colores. Nunca levantaron una copa que no sea de brindis. ¿Y para que más? Si la disfrutaron. Después, vinieron las malas. Los buitres, la isla de los Patos, la quiebra. Armando, arrancar de 0. Revivir.

Y a nosotros… bueno, nos tocó la fácil. Belgrano ordenado, con una estructura firme, aunque le podamos hacer millones de críticas, con más aciertos que pardas. Ascensos, dos, River, baile, historia. Primera, Mudo, Chino, Suárez, Cuqui… Olave, que es nuestro para siempre. Turus… en fin, vos sabés.

Ahora además de todo eso, habrá dos predios. En uno, el futuro de Belgrano se juega cada pelota todos los días para algún día llegar a vestir la celeste en Primera. Y en otro, vas a poder llevar a tu abuelo, tu viejo y a todos los que quieran a rememorar esos momentos, a comer un hermoso asado, a chuparse hasta que la caminera te lleve en cana… Y eso no tiene precio. Eso es crecer. Que los hinchas de Belgrano puedan jugar al fútbol y al básquet en su club, y ojalá puedan jugar muchos más deportes es un futuro.

Ese es el club que queremos. A eso vamos. Aplaudamos y critiquemos, porque Belgrano no es uno ni dos, Belgrano somos todos. Y si somos tantos, hay que ir pensando en agrandar el predio.

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